ANTROPOLOGIA FILOSOFICA

miércoles, 23 de febrero de 2011

Antropologia edad media



Principio gracias al cual el hombre puede realizar los distintos tipos de actividades vitales. Las facultades que tiene como propias son el entendimiento y la voluntad. Es inmaterial e inmortal.
      El alma intelectiva o humana incluye dentro de sí al alma vegetativa y la sensitiva, por lo que faculta al hombre para las actividades vitales de la alimentación, crecimiento, reproducción, apetitos inferiores, conocimiento sensible y locomoción; pero lo propio de ella es permitir al ser humano actividades que no se encuentran en ningún otro ser vivo: el conocimiento y la volición o actos voluntarios. De todos los seres vivos, sólo el hombre es capaz de adquirir conocimiento intelectual de las cosas, y sólo él es capaz de tener conductas libres. Las actividades vitales propias del alma vegetativa y del alma sensitiva se ejercen mediante un órgano corporal –como el ver con el ojo, el oír con el oído, ...– pero el alma humana es una substancia espiritual, substancia que no necesita de órgano corporal alguno, y tiene la capacidad de subsistir por sí misma. Esto es lo que ocurre con el entendimiento y la voluntad.
      En la demostración del carácter inmaterial del alma humana Tomás de Aquino sigue a Aristóteles: cuando un conocimiento se alcanza con un órgano corporal, los rasgos físicos de dicho órgano limitan el tipo de conocimiento del que es capaz; el conocimiento intelectual es capaz de conocer la naturaleza de todos los cuerpos, luego el intelecto no puede ser una substancia corporal ni utilizar una substancia corporal.
      En cuanto a la inmortalidad del alma humana, presenta varias pruebas, aunque la más comprensible se refiere al deseo: todas las cosas desean natTomas de Aquino ralmente mantenerse en el ser, seguir existiendo. En el caso de los seres dotados de conocimiento, el deseo proviene del conocimiento; los seres dotados de conocimiento sensible no conocen más que lo actualmente existente y presente ante sus sentidos; sin embargo los que tienen conocimiento intelectual conocen la existencia en absoluto, sin la limitación del tiempo y del espacio, de ahí que desean de forma natural existir siempre. Mas la naturaleza no da ningún deseo vano, no da ningún deseo que no se pueda cumplir de ninguna manera. Luego toda substancia intelectual es incorruptible.
      Aunque el alma intelectiva es una substancia distinta del cuerpo, tiene sin embargo una relación peculiar con él. En este punto se separa de la tradición platónica que considera al alma y el cuerpo como substancias o realidades totalmente distintas e independientes y que identifica al hombre más con su alma que con el compuesto alma y cuerpo. Las otras substancias espirituales (los ángeles) no necesitan de cuerpo alguno para realizar plenamente sus actividades propias, pero no ocurre así con el alma humana. Es preciso matizar esta afirmación pues podría parecer que Tomás de Aquino presenta aquí ideas incompatibles con su argumento relativo al carácter inmaterial del intelecto. Pero él mismo señala expresamente que el cuerpo es necesario para la acción del entendimiento, pero no como el órgano con el que se realiza tal acción –como la vista necesita del ojo– sino en razón de su objeto: Santo Tomás defiende la idea de que el conocimiento humano comienza con los sentidos (que son facultades corpóreas), los cuales presentan el material a partir del cual el intelecto elabora su propio conocimiento. El hombre es el compuesto alma y cuerpo, y no de forma accidental sino esencial, como todo lo que consta de forma y materia. El alma humana está tan vinculada con el cuerpo que sin él no es perfecta, lo que lleva a Santo Tomás a defender la resurrección de los cuerpos para que cada alma recupere el que le era propio. El estar unido al cuerpo le compete esencialmente al alma, como le corresponde esencialmente al cuerpo leve el mantenerse en lo alto. Y de igual manera que el cuerpo ligero cuando se le aparta de su lugar propio posee una aptitud e inclinación a ocuparlo, así también el alma humana cuando está separada del cuerpo conserva su aptitud e inclinación natural a unirse a él.

Alma Sensitiva
Alma con las funciones o capacidades para el conocimiento sensitivo, el apetito y la locomoción.
      Presente en los animales y virtualmente en el hombre, tiene como facultades características la facultad cognoscitiva inferior o sensación, la facultad apetitiva inferior, en la que descansan los instintos y los deseos relacionados con el cuerpo, y la facultad para el movimiento local.

Alma Vegetativa
Alma que faculta para la alimentación, el crecimiento y la reproducción.
      Los vegetales poseen sólo este tipo de alma, y en los animales y el hombre está incluida virtualmente en cada una de sus almas. Determina el grado inferior de vida: la nutritiva, que tiende a la conservación del individuo, la aumentativa o crecimiento, y la generativa cuyo objetivo es la conservación de la especie.

Antropologia edad moderna

Para Descartes, existen tantas sustancias como ideas claras y distintas puede concebir nuestra mente. Así pues, la substancia es el sujeto inmediato de cualquier atributo del que tengamos una idea real. Existen, por consiguiente, tres substancias: Dios o la substancia infinita y necesaria (res cogitans infinita), la substancia pensante (res cogitans) y la sustancia extensa (res extensa). Cada sustancia tiene un atributo esencial: pensamiento (res cogitans), perfección (Dios), extensión (res extensa). Los atributos esenciales se identifican con la sustancia.
La antropología cartesiana es dualista: no puede existir unión substancial en el hombre debido a la heterogeneidad de las dos sustancias que lo componen. El hombre no es una sustancia compuesta de otras dos incompletas, sino enteramente completas. En definitiva, tratándose de dos substancias separadas, el cuerpo no es más que una máquina acoplada al espíritu; o, si se prefiere, la relación de la mente al cuerpo es análoga a la que existe entre el piloto y la nave.

El hombre no solo es un ser material es un ser espiritual y un cuerpo material. 

Cada ser humano es único e indivisible, de ahí y su existencia es donde adquiere su dignidad, su verdadera importancia. El ser humano es el fundamento de todo, es fundamento de si mismo. Cada hombre no es una parte del todo, es el todo mismo. 

Por esto mismo, EL HOMBRE NO PUEDE SER MEDIO PARA OTRO HOMBRE,  Kant nos decía - Todo lo que no es el hombre, es medio para el. “Compórtate de tal manera que no te trates a ti mismo ni a los demás como medio, si no como fin”

El fin del hombre es SER (libre, feliz, amor, justo, etc.). El hacer (prestigio, poder, estatus vocacional: Dr., Lic, Ing..., nivel, rango, jefe, gerente, capitán, distinción, apego social, etc.), y el tener (bienes, etc.) SON LOS MEDIOS PARA LOGRARLO, es por esto que las cosas no son valiosas, es el hombre el que hace valiosas a las cosas.

Lo importante es el SER.

Rousseau quiere ver al hombre al desnudo, quiere despojarlo de los ropajes de que la historia le ha puesto para encontrarse cara a cara con la esencia misma del ser humano, para esto es necesario liberarse de todos los prejuicios, liberarse de la tradición, pensar a la inversa, hacia atrás de la educación recibida en las instituciones sociales, para poder acceder a una reflexión más originaria. El nos dice: "Cuantos más conocimientos nuevos acumulamos, más nos privamos de los medios para conseguir el más importante de todos, y en cierto sentido, a causa de estudiar al hombre por lo que nos hemos colocado en la imposibilidad de conocerlo"

Antropologia edad contemporanea

antropologia de Leon XIII

Leon XIII
descubre en el hombre capacidad de abstración, de raciocinio y de juicio, autodeterminación en el obrar, con una libertad real —aunque no absoluta e incondicionada— que le da el dominio sobre sus actos. “El hombre —se lee en la RN—, abarcando con su razón cosas innumerables, enlazando y relacionando las cosas futuras con las presentes y siendo dueño de sus actos, se gobierna a sí mismo con la previsión de su inteligencia, sometido además a ley eterna y bajo el poder de Dios, por lo cual tiene en su mano elegir las cosas que más convienen para su bienestar, no sólo cuanto al presente, sino también para el futuro”